Capítulo veintitres.

domingo, 16 de marzo de 2008

Durante años yo había sido sólo tirador, a mi nunca me había gustado el bisne del asalto. Si a caso alguna vez robé autopartes. Pitus y Juan habían empezado desde los 12 años en eso del asalto a mano armada, con 15 años sobre los hombros ya llevaban 3 años de experiencia. El miedo ya formaba parte del pasado, el asalto era su modo de vida. Pitus se había convertido en la mano derecha del Adrián, era listo, era atrevido y lo más importante: era noble, era de fiar. Juan a su vez se había convertido en el martillo del Adrián y del Pitus. Con apenas 16 años, Juan era un cabrón despiadado. Más que por dinero, lo hacía por placer, él era feliz, pues hacía lo que le gustaba y además le pagaban muy bien por ello. La corpulencia que comenzaba a desarrollar Juan además le ofrecía una ventaja sobre todos los demás morros que estaban en el negocio. Juan le era más fiel a Pitus que al Adrián, pues lo respetaba y veía en Pitus la inteligencia que a él mismo le faltaba. Eran apenas unos mocosos, pero juntos ya eran temidos por muchos barrios. Todo el Barrio 14 les era fiel, La Maldita y Cabañas 13 los respetaban, Jarpis les temían y Jardines les hacía reverencia.

Las cosas para mí nunca fueron fáciles. Eso sí, yo era de los mejores tiradores del Barrio 14, sobre todo porque yo no vestía placoso y aunque no soy de piel blanca estaba menos moreno que cualquiera del barrio y "como te ven te tratan", así que yo no levantaba sospecha entre los azules. Sin embargo yo no tenía mucha experiencia con la fusca, me había limitado a peleas callejeras en las que también ya cargaba con experiencia sin ser el mejor, tampoco era tan atrevido como Pitus, no era inteligente para el asalto y no tenía la fuerza física de Juan. Pero yo era noble, de fiar.

Muchas veces Adrián me había ofrecido jale para ir a tronar a otros tiradores que estaban poniendo en peligro la fuerza del Barrio 14, algunos padrotes que querían trabajar sin pagar la fianza al Adrián, algunos traidores que se habían cambiado de barrio; pero yo nunca acepté. Matar personas no era lo mío, pensaba que era la cosa más desagradable y que los problemas bien se pueden resolver con una buena madriza. Un tubazo en la rodilla, un brazo quebrado, un filerazo en el ojo. Pero no matando.

Mamá Juanita llevaba ya mucho tiempo con tos, por cierto muy fea, le decíamos "tos de perro" y nos la curábamos. Le decía que si seguía con esa tos ibamos a terminar comprando croquetas en vez de frijoles, ella se reía de la broma. En la noche yo le preparaba un remedio casero de miel con limón y como que se le calmaba la pinche tos. "Con unos tres días que se tome este remedio va a ver que se va a curar". "Gracias hijo... yo me la tomo... y usted ¿ya hizo la tarea?". "Oh mamá Juanita, si le digo que usted no me deja de tiznar con la tarea ni porque se enferma, ahorita la hago". "Mira nomás muchacho, si te tengo que estar arreando como las vacas porque luego llegas con puras reprobadas". "Ni un extra me va a quedar". "Mas le vale, que si no me lo friego ¿eh?". "Ya no haga corajes y tómese el remedio porque luego no se alivia". Me iba a mi habitación, hacía mi tarea y me iba a dormir.

Al otro día después de salir de la escuela, llegué a la casa y comí con mamá Juanita que parecía estar mejor. Después me salí y fui a donde estaban Pitus y Juan. Los saludé y Juan me mostró su nueva adquisición: un revolver calibre 45, con el cañón cromado y cacha de cuarzo o alguna pinche piedra blanca.

"Mira Lover, para matar perros, está rebonita ¿o qué?". "A huevo Juan,¿y esa ladronde la sacaste?". "Que pasó, que pasó, ¿como que ladronde?, se la compré al Diego". "¿Al sobrino?". "A ese mero, buenos jales me voy a aventar con este juguetito, ¿no le quieres tirar?" "Pos' a ver, vamos tirándole a la carcaza esa de la maquinita".

La pistola jalaba muy bien, con cada tiro el brazo se me iba para atrás de la fuerza del disparo. Boquetones dejaba en la carcaza, un buen tiro de esos y perdías el brazo o la pierna. Luego Pitus sacó una escopeta. "Mira Lover, esta recortada jalaba rebonito, un tiro de estos y queda pura pedacera." "¿De maquinita?". " Pura pedacera de maquinita o de cabrón, jajaja, pero fíjate que se me chingó la culata, hazme el paro ¿no? vamos con el carpintero para que le haga una nueva". "Pa' luego es tarde Pitus, te acompaño".

El carpintero no quedaba tan lejos del 14, estaba como a 10 cuadras, sólo que estaba en territorio Jarpis. La escopeta estaba recortada, por lo que cabía en una mochila de las que traen los futbolistas para su ropa. No nos encontramos con ningún Jarpi, así que dejamos la escopeta con el carpintero y dijo que regresáramos en 2 días por ella.

A los 2 días fuimos a recoger la escopeta, había quedado muy bien, una culata muy bien trabajada, le dimos la feria y nos regresamos para el cantón. A Pitus se le había olvidado la mochila, por lo que tuvo que ponerse la escopeta en la espalda debajo de la playera, y aparte se puso una sudadera. Estando como a 3 cuadras para llegar, de repente un par de cabrones comenzaron a correr para con nosotros. No les dimos mayor importancia, creímos que simplemente eran un par de cabrones que traían prisa, que se les iba el camión. Nos alcanzaron y sin decir "agua va" nos aferraron contra la pared. Los dos sacaron filero. "Túmbense hijos de su pinche madre". En ese momento nos habían agarrado desprevenidos, no sabíamos como reaccionar por los fileros que habían sacado. "No traigo dinero carnal". "No se hagan pendejos, a ver tu, ese reloj, dámelo". El Pitus traía un reloj medio fresón que previamente le había robado a otra persona, un cabrón le agarró la mano y rápidamente le empezó a desabrochar el reloj para quitárselo. Entonces el Pitus reaccionó, se metió la mano como para sacar la cartera pero lo que sacó fue la escopeta. "¿Túmbense quién hijos de su pinche madre?" El par de cabrones se pusieron pálidos, tiraron los fileros y se pusieron a correr mientras Pitus hacía como que disparaba, ya cuando iban como a una cuadra un pendejo se tropezó y el otro al pensar que se había tirado al suelo a propósito para que no lo alcanzara el disparo de la escopeta, también se tiró al piso.

Pitus y yo nos cagábamos de la risa, se escondió la escopeta otra vez y pegamos carrera para el 14. Esos cabrones nos habían seguido desde Jarpis, o al menos eso creíamos. También fueron muy pendejos en seguirnos hasta el 14. Lo siguiente sería investigar si eran de Jarpis, y si así era, entonces habría guerra de barrios.

1 comentarios:

ASsiLeM dijo...

O.O"

volvere =D

siempre vuelvo xO!