Capítulo trece

lunes, 17 de diciembre de 2007

Durante algún tiempo las cosas habían ido bien. El negocio de la droga nos dejaba suficiente feria como para darnos muchos lujos. La situación con el Adrián era estable y todo estaba bien.

Estaba hasta que Alma, una de las tipas con las que solía meterme llegó a decirme que estaba embarazada y que yo era el culpable. A mi edad no me pasaba por la mente ser padre y mucho menos hacerme cargo de una pendeja y un morro que ni estaba seguro de que era mío, pero de todos modos en ese entonces todavía quedaban algunas migajas de consciencia dentro de mi.

Martín era uno de los nuevos matones que estaban bajo las órdenes del Adrián. Era moreno, usaba un bigote apenas visible, medía 1.85 y fácilmente me doblaba en fuerza. Estaba bastante tronado. Por alguna razón yo le caía muy bien, y desde que comenzó en el jale me buscaba para salir a tirar cotorreo, a mi también me parecía que era buen pedo.

El problema es que él tenía una necesidad de mi aceptación que sobrepasaba lo que era normal. Comenzó regalándome relojes, ropa, auto estéreos y demás cosas robadas. Al principio me pareció bueno, pero después ya no tanto, comencé a dudar de que lo hiciera de buena fe o que no esperara nada a cambio, por eso me fui alejando de él poco a poco, ponía paros como qué tenía que llevar mercancía y que no querían gente que no conocieran. Pero lo que creí que sería la pinche solución, no hizo otra cosa más que complicar todo.

Martín se enteró de que Alma decía que estaba cargada por mi culpa, y sabía que Alma no me iba a dejar tan fácil, la cabrona sabía que yo movía buen varo y quería su tajada. No quería dejar hijos regados y tengo que aceptar que eso me aturdía y no me dejaba aclarar la mente para hacer bien los jales, en una de esa casi se me sale un tiro y mato a un cabrón.

Una tarde estaba platicando con Pitus y con Juan, estaba pidiéndoles consejo para saber que hacer con la pendeja de Alma, porque yo decía que ese morro no era mío. Ellos decían que la hiciera abortar "ve a San Juan de Dios con las yerberas, diles que quieres hacer que le baje rapido a una morra, ellas ya entienden de que se trata el bisne; nomás no vayas a cometer la pendejada decirles que quieres hacer un legrado, porque te van mandar a la chingada." No estaba muy seguro del pedo, pero la neta era lo más fácil. En eso llegó el Martín con una pinche sonrisita que no me gustaba para nada, saludó a mis compas y cuando llegó conmigo me agarró del hombro, se me acercó al oído y en voz baja y risueña me dijo: "ya no se preocupe mi Lover, ya se arreglaron los pedos." No sé porqué me imaginé de inmediato que este wey había hecho una pendejada. "Cuales pedos pinche Martín". "Ahorita ya está descanzando tres metros bajo tierra mi Lover. " CHINGA TU PUTA MADRE RE CABRÓN. Yo estaba en shock, no quería entender de que me hablaba, pero por más que lo negara, yo ya sabía perfectamente a quien se refería. Todavía el muy cabrón me dice: "no me lo agradezcas, eso fue de compas".

Hacerla abortar era una cosa, chingarse a los dos de una sola vez era demasiado vil incluso para nosotros. El imbécil de Martín creía que haciéndome el favor de desaparecer a esa vieja iba a recuperar mi amistad, él creía que yo estaba enojado o algo y por eso, en su diminuta mente había tejido que eliminando a la Alma iba yo a agradecerle y le iba a invitar unas líneas. Pitus y Juan se nos quedaron viendo, Pitus nomás movía la cabeza de un lado para otro como despaprobando lo que había hecho Martín, como diciendo: te pasaste de verga.

Yo sentía una rabía que me quemaba, un pinche fuego que se avivaba con la risa estúpida del Martín. Ya no lo pensé más y me le deje ir a puros trompos. El primero se lo acomodé en el hocico, Martín se sacó de pedo porque no sabía ni lo que pasaba, el segundo a la cara y dio lona. Me le trepé y no lo dejé ni respirar, nomás sentía como se machacaban mis nudillos con su cara. Ni el Pitus ni el Juan se metieron, no sé si por miedo a que también les tocaran unos putazos o porque sabían que Martín se lo merecía. Por último le apliqué el golpe con sello "Lover", lo agarré de los cabellos y azoté su cabeza con el pavimento. Me levanté bramando todavía como un pinche toro y le grité: ¡eso es para que no andes decidiendo por mí, hijo de gran puta! Le tiré una patada en las costillas y me fuí.

Martín se quedó en el suelo con los ojos rojos clavados en mí. Martín era un pasado de verga, por algo lo había reclutado el Adrián, por algo era mi compa... pero ahora tenía que temerle. Sin embargo, en esos momentos no tenía tiempo para tenerle miedo, esos momentos eran para complar unas flores... para rezar por sus almas, para rezar por las nuestras.

3 comentarios:

Inconexa dijo...

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lo que hace uno para ganarse amistades.
fuck.

barb michelen dijo...

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