Capitulo 14

lunes, 7 de enero de 2008

- ¡Lover! que dice el Adrián que vayas con el Negro a llevarle una camisa blanca.
- ¿A dónde?
- Pues a su cantón, a la Maldita.
- ¿A la Maldita? ¿eso dijo el Adrián?
- Simón.

Hijo de su puta madre.

La Maldita Vecindad estaba dos cuadras a la vuelta del barrio. El mote se lo habían ganado a pulso todos los que vivían en ese pinche lugar. Hace muchos años, cuado el Barrio 14 y los Pañales rifaban en la colonia, la Maldita era apenas un montón de casas de ladrillos apilados, ni enjarre tenían. La mayoría de la personas que se habían asentado en ese lugar venían de lugares marginales. Personas que huyeron de sus pueblos para buscar el progreso y un mejor futuro en la ciudad. Al final no encontraron sino más miseria. En la ciudad no encontraron trabajo, se llenaron de hijos y no tenían ni para comer. Eran 9 los que iniciaron.

Los padres de familia no podían hacer otra cosa más que lo que toda su vida se habían dedicado: a la agricultura. Pero ni los frijoles, ni el maíz daban lo suficiente como para no morirse de hambre. Sembraron entonces a María Sabina, y vieron que era bueno. Fueron 9 los primeros repartidores de la mois, niños de apenas 7 y 8 años lo que comenzaron con el negocio. De esos 9 al final quedaron 5, entre los que se murieron y los que agarró la tira. Todos ellos eran unos malditos. Esos 5 tuvieron los suficientes huevos para acabar con el 14 y los Pañales.

Pasaron los años y los productos que se vendían en el lugar se ampliaban cada vez más. Mois, cois, cristal, ácido, LCD, anfetaminas, heroína, crack, opio. Cualquier droga que te imaginaras se encontraba fácilmente en la Maldita. Pero para entrar en la Maldita tenías que ser recomendado por alguien. No podías llegar así nada más. Aquello era una fortaleza. Ningún cuico podía siquiera rondar por ahí. Nadie de otros barrios, nadie sospechoso. Aquellos que lo intentaron desaparecieron así nada más.

Los mitos que se corrían por la colonia, es que aquellos malditos echaban los restos de sus víctimas a los perros de pelea que tenían, la gente en el pueblo dice que la sangre los pone bravo. Decían también que tenían túneles que los sacaban a casas de seguridad que tenían en colonias de los alrededores. Que cada casa era un laberinto. Incluso del Adrián sentía máximo respeto por la Maldita, sin embargo su fortaleza era su debilidad: todos eran una unidad, no había un lider que manejara el bisne.

El Negro era el hijo de uno de los 5 Malditos. Manejaba un taxi y se dedicaba al asalto de trailers de electrónicos. No tenía sentido que le compraran piedra al Adrián, ellos podían conseguirla más barata y a veces ellos mismos le distribuían al Adrián. Guardé la piedra en un papel. Lo pegué con cinta por la parte de adentro de mi playera a la altura de la espalda y justo en medio. Ahí nunca te revisan los cuicos, aparte sólo eran dos cuadras, agarré mi shimano y llegué de volada a la puerta.

En seguida sentí la hostilidad de los morros de mi edad que estaban cuidando la puerta.
- ¿Y tú a que vienes cabrón?
- Vengo con el Negro.
- Mira nomás, ¿y qué? a poco crees que vas a pasar así de a grapa
- No pos' me mandó llamar el Negro, ve dile a él.
- Saca una linea puto, y pasas a buscarlo tú.
- No traigo ni madres, nomás el encargo del Negro, si quieres te lo doy y tu te arreglas con él, le cobras tu comisión.
- ¿Muy pinche listo? ... Chino, háblale al Negro, dile que aquí esta el putito.

Me prendí. Si hay algo que no tolero es que me digan "putito". Así, en diminutivo. Pero me las aguanté, no podría ni correr.

- Que se pase.
- Orale, ya oiste, aquí dejas la baica.
- No, no mames, me la llevo.
- Que la dejas - sacó el filero, y me lo puso en las costillas.

Ni hablar, tuve que dejarle mi bicicleta. La Maldita era sucia, las casas tenían enjarres desgastados y los cristales de las ventanas estaban pintados con pintura negra. El olor a perro inunda el ambiente y escuchas gritos, ladridos y demás sonidos de animales. Al fin llegué a la puerta 10. Estaba abierta y del fondo se escuchó la voz del Negro que decía que me pasara.

- Pásale pinchi Lover.
- No ps aquí te manda esto el Adrián.
- Ahí déjalo en la mesa.
- Son 200 varos.
- A chinga', pues que me trajiste base o que?
- No ps eso me dijo el Adrián.
- Pinche usurero. Eso me pasa por no preguntar antes, órale, ahí te va. 250 con tu propina.
- Gracias Negro.
- Lover, antes de que te vayas... te tengo un jale.
- Ya sabes que yo trabajo para el Adrián.
- Sí sí sí, pero ese pendejo ni te paga bien. Yo te ofrezco un buen jale, me han dicho que eres bueno para los encargos.
- No ps sí, pero no quiero meterme en pedos.
- Cabrón, ya sabes que conmigo tienes el respaldo de la Maldita.
- Gracias Negro, pero no.
- 300 varos por entrega ¿cómo ves?
- Es mucha feria, pero ya sabes que yo soy del 14
- Del 14.... ¡mis huevos! ¿Quién tumbó al 14?
- No ps la Maldita.
- ¿Entonces cabrón? no me ofendas pinche Lover.
- De veras Negro, ahorita está bien con la feria que me paga el Adrián.
- Si serás pendejo... 350 por entrega y al mes te voy a dar 5 gramos para que le eches finanza.

Titubié por un momento, 350 pesos por entrega era un chingo. Adrián me daba 50 pesos por entrega. 5 gramos los podia vender en 100 pesos cada uno, 500 morlacos extras. Eso era la feria. Pero era muy pronto para hacerme de pedos con el barrio. Adrián fácilmente podría tronarme en una entrega, y aunque era mucha feria, tardaría al menos 2 meses en conseguir la feria para un buen cuete. 2 meses pelón y con el mote de traidor en el 14. No, no era buena idea, tendría que irme a vivir a la Maldita, y eso era una mierda.

- Gracias mi Negro, de verdad, te portas a toda madre, pero ya sabes. Doña Juanita no se va a salir del 14. Ya está muy grande.
- Pero si la Maldita Vecindad tiene donde los alojemos, chingado.
- Ya sabes que mamá Juanita tiene sus ideas, le gusta el 14.
- No pues, siendo así, ni hablar. Nomás cierra el pico con el Adrián, no queremos broncas ahorita.
- No te preocupes Negro, pico de cera.

Tardé un rato en que me dieran la bicicleta porque los muy cabrones se estaban paseando en ella. Pero ni madres que me la quitaban, ya cuando estaba prendido el asunto salió el Zurdo, otro de los que se quedaron con la estafeta de los Malditos. "Órale cabrones, ya denle su baica, el morro vino a hacer bisne con el Negro" Enseguida me dieron mi bicicleta y pegué carrera. Llegué oliendo a un sudor rancio por los nervios y porque el ambiente de la Maldita se impregna en la ropa.

2 comentarios:

Inconexa dijo...

la maldita vecindad se llevo mi dia :D

ASsiLeM dijo...

u.U