Capítulo 34

viernes, 25 de julio de 2008

Esa noche no pude dormir. No quise dormir. Cada que cerraba los ojos se me venía esa imagen: él me voltea a ver a los ojos con una sonrisa que se apaga drásticamente mientras el impacto de la bala calibre 45 revienta en su pecho. Por un instante sabe que moría y no alcanza a preguntarme ¿por qué?, yo les respondo la pregunta que no hace con la segunda bala pero entonces es ya solo un pedazo de carne que va cayendo en cámara lenta. Todos me voltean a ver, decenas de pares de ojos se inyectan de sangre y sus rostros de terror. El rugido del cañón los paraliza a todos, pero mis oídos se vuelven sordos para no interrumpir al cerebro. Primero mis piernas son muy pesadas, me cuesta levantar la primera para echarme a correr, el segundo paso es más sencillo y para el tercero soy tan ligero como el viento. Pero la escena se repite de nuevo desde el principio.

Por eso ya no quiero dormir.

Al otro día, bajo la luz de la mañana me quité la ropa. Necesitaba un baño para poder despertar. Deseaba que al salir de la regadera estuviera allí mamá Juanita, esperándome para desayunar unos huevos a la mexicana que tan ricos preparaba. Que todo desde hace semanas hubiera sido un sueño. Pero cuando salí de la regadera sólo vi basura sobre la mesa. Me acerqué hasta la cama aún sin secarme y me tiré en la cama perdido mientras observaba el pantalón que me había quitado apenas por la mañana. Luego miré esos pequeños puntos. Levanté el pantalón y lo observé de cerca. Eran gotas de sangre. Me dieron ganas de vomitar y lancé el pantalón hasta la esquina.

Si seguía con ese tormento ninguna muerte habría valido la pena. Si moría de sobredosis, si me suicidaba, si me asesinaban o si moría de tristeza entonces me habría condenado por nada. No podía seguir así. Era hora de salir del capullo. Adrián quería un Lover, el Barrio 14 necesitaba a Lover. Pero ¿estaban preparados para eso? Nadie podría robarme mi gloria, nadie podría decir que ellos crearon a Lover. Con apenas 15 años encima tenía todo el futuro por delante.

Y totalmente solo, con las gotas de agua aun evaporándose de mi cuerpo lo decidí: no habría nadie que me detuviera, no habría jamás nadie por quién detenerme, y todo el Barrio 14 con orgullo diría: sí, Lover salió de este lugar y voy a contarte su historia.

No se fracasa si existe un comienzo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Control Machete dixit
chido master, aqui seguimos al pendiente de los relatos, sus altibajos pero ya se han vuelto una adiccion, saludos men

Despota e Insensible dijo...

.... Nadie en lo alegre de la risa fie porque en los seres que el dolor devora el rostro rie....

Reir llorando de Juan de Dios Peza.

Siempre he asociado ese poema contigo. Sigue que todavia queda mucho por contar.