Capítulo 48

miércoles, 1 de julio de 2009

Tengo la teoría de que hay personas que nacen para ser enemigos. No hay motivos, no hay razones, sólo enemigos y ya.

Todo empezó porque nos topamos en la misma fiesta. Me gustaba ir un poco mejor vestido que de costumbre por el simple hecho de que me gustaba bailar con muchas, amar a unas pocas y acostarme con una.

Entré a la fiesta y eché un ojo para checar el ambiente. Me senté en una silla y pedí una cerveza. Bien fría. Casi al lado de mí estaba Ever en otra mesa, con un par de matones y unas viejas. Una de ellas me volteó a ver, pero sinceramente no me llamaba la atención por lo que la ignoré. Luego Ever se dio cuenta de yo estaba ahí. Jamás en la vida nos habíamos visto pero mi teoría se comprobó. Él inclinó su silla un poco hacia conmigo puso su mano en mi nuca y me jaló suavemente como para decirme un secreto: “¿Te crees muy guapito verdad? te me vas a la chingada ahorita mismo o te reviento tu madre, no te quiero ver por aquí putito”

Quizá si su frase hubiera terminado en “… por aquí” no me hubiera molestado e incluso quizá le hubiera hecho caso y me hubiera ido. Pero me dijo “putito” y si había algo en la vida que me encabronara es que me dijeran “putito”, así en diminutivo. Le devolví el secreto: “me la pelas”

Ya en voz alta, Ever dijo: “quieres que te la parta en frente de todos o nos salimos.” “Aquí el único que va a dar show eres tú cabroncito” le contesté.

Cuando se paró me di cuenta que me sacaba un buen pedazo y estaba mamado. Por cuerpo fácil me partía la cara. Pero yo no estaba tan madreado y tampoco le tenía miedo “entre más grandotes más fuerte caen” me decía a mi mismo. Nos salimos y con nosotros una comitiva de chismosos. No voy a entrar en detalles, porque me puso una revolcada y mi chamarrita de cuero quedó como botas de ranchero: toda raspada.

Llegué al 14 y de volada me metí al cantón, no quería que la banda me viera todo madreado, pero de alguna manera Rito me alcanzó a ver. Tocó a la puerta y me hice el dormido. “No le hagas al pendejo Lover, te vi llegar” Le abrí la puerta. “Pásale Rito” Se quedó parado en la puerta y me preguntó: “¿y luego?” “¿y luego que?” “pues quien te puso esa madriza?” “Un pendejo” “pues ni tanto que mira cómo te puso, ¿sabes dónde trabaja o dónde vive?” “Sí mi Rito, pero me la partió legal” “Ya sé que te la partió legal Lover, mañana te guacho, hoy andas muy madreado”.

Al día siguiente Rito llegó por la tarde “¿A dónde lo vamos a ir a buscar, a la casa o al trabajo?” me dijo el Rito “A ninguno Rito, fue legal, me la partió duro”. Se quedó mirándome unos segundos y me dijo: “¿Sabes lo que te estás jugando Lover? El respeto Lover, el respeto… vamos a ir a donde está ese cabrón y le vas a partir la madre” y de repente ese coraje que mostraba Rito me llenó de orgullo. Me levanté y nos fuimos derecho a la plaza, ahí lo íbamos a topar.

En medio de toda la gente comenzó la bronca. Nos dimos duro. Za, za, un puñetazo por aquí, una patada por allá. Intercambiamos buenos golpes, aquello era una buena muestra de boxeo callejero...pero me la volvió a partir. Nomás faltó que Rito aventara la toalla. Si la humillación en la fiesta había sido grande, en medio de la plaza de mi propio barrio había sido el infiernillo. "Se la partió al Lover" escuchaba que murmuraba la raza. "Tsss le pegó sabroso"

Llegamos al 14 caminando, yo con una bolsa con hielo en la cara y el todavía el Rito me dijo: “mañana vas a ir a buscarlo otra vez y le vas a partir la madre” Yo me paré y me le quedé viendo “Oye Rito, ¿pos' de que se trata?¿ya estuvo bueno no? Ya van dos, el pelado está más grandote y trincado…” “Y ¿eso qué?” “Pues como tú no eres al que le parten la madre…” le contesté indignado. “Mi Lover… nomás es cosa de que le bailes, también se pelea con los pies, no nomás con los puños" eso fue lo último que dijo y se salió de la casa. No iba enojado, más bien iba confiado en mí.

Para entonces el barrio ya sabía del pedo, ese día Adrián se acercó, más en tono de chingar que de ayudar: “Ya me la supe mi Lover, que van dos a cero. Póngale atención al Rito… ahí como lo ves, Rito es cabrón” Si Adrián decía eso era porque Rito era chaparrito, delgadito y apenas uno se podría imaginar que era bueno para el trompo, como he dicho antes. “Te has ganado el respeto Lover, pero ese se pierde más fácil que una puta enamorada, ponte trucha, que el pasado nomás vale con el presente”

Y regresé al tercer día. Lo topé donde mismo, en la plaza. “¿Pero no aprendes cabrón? Ahí vienes otra vez por tu dosis” Dijo el Ever ya muy alzado y presumiendo en voz alta. “Así es como se pelea en el 14 Ever” le dije “¿Como pendejo?” me contestó. Y sin preámbulo para que empezara la pelea le solté un buen chingadazo en el hocico. El monstruo apenas se movió con el golpe, se puso en guardia y me tiró uno, yo comencé a moverme de un lado a otro, nunca me detuve en ningún lugar. Mis golpes no le hacían mucho, pero poco a poco lo fui mareando. “Deja de moverte maricón, pelea como los hombres” “Una cosa es como los hombres, y otra como pendejo” Y así fui dándole, poco a poco porque de un golpe seco no le hacia nada, pero él de un golpe si me tiraba. Ya con todo el hocico sangrado se me dejó ir como un toro. Justo cuando me iba a embestir di un paso para atrás y le di un puñetazo en la sien. Eso lo desequilibró, de volada le pegué un izquierdazo en la cara y con eso se fue al suelo. Ya tirado era otra cosa… como gato de espaldas. Le tiré una patada a las costillas, me alcanzó a agarrar del pie, pero como lo había sofocado me alcancé a zafar. Luego me le fui encima y a puro trompón en la cara. Uno, dos, uno, dos, uno, dos hasta que se molieran los puños. Ya no estaba en mis cincos sentidos, uno, dos; uno, dos; y la cara del Ever nomás se deformaba como de plastilina. Uno, dos; uno, dos hasta que alguien, no se quién, me quitó de encima. “Así se pelea en el 14 hijo de tu puta madre”

La piel de los nudillos la tenía desecha, entre los dedos tenía sangre y me temblaban los brazos… pero el respeto… ese ni quien me lo quitara.

Cuando llegué al 14 Rito ya me estaba esperando con un cartón de cervezas bien heladas. “Nomás era cosa de que le bailaras, ¿a poco no?”. Yo, que apenas si podía sostener la cerveza sonreí, le dije al Rito "eres cabrón" y le di un buen trago. El dulce sabor de la cebada apenas es superada por el de la victoria.

6 comentarios:

Alter Ego dijo...

Sobre tu primera reflexión me ocurrio algo similar con un cabrón a quien no lo tragaba ni él a mí, y nada más porque sí.

Era tal la adversión entre los dos que nos hubieramos dado en toda la madre sino hubiesemos sido compañeros en el mismo equipo de fútbol.

Lo más cagado es que los dos hicimos la mejor pareja medio-delantero en toda la liga al punto de ganar el pendejo, el titulo de goleo con bastante ventaja gracias, en su mayoria, a mis pases...qué mamadas.


¿Cuál orgullo era más importante rescatar, el tuyo, o el del 14?

AEA dijo...

si, tijuana es muy divertida
pero siendo menor de edad y chaparra es peligroso deambular por las calles (ahora de noche y de dia)

Lover dijo...

Alter Ego: Va de la mano uno con otro, si crece el 14 crecías tú, y al revés. Era chingón decir de "soy del 14"

AEA: si eres chaparra, ps peinate pa'rriba

Priscila dijo...

Jajajajaja y las que somos altas como nos peinamos? jajaja

Como hablas de barrios y de números, me recuerdas muchísimo las historias que me contaba un ex novio que tuve de Tijuana, Jardines 21... historias casi tan dignas de publicar como las tuyas.

Saludos y besos!

Diosa De La Luna dijo...

HOla...si es mi hijo...
Muy entretenida estuve leyendote..

Niña agridulce dijo...

Me gusta lo que he leido...
Es verdad
Todo sea por el respeto.