Capítulo once

viernes, 23 de noviembre de 2007

Después de apagar la luz, me acerqué lentamente a la cama. Ella estaba sentada, distinguiendo mi silueta contra la luz que entraba por la ventana. Cierra la cortina. Me levanté y cerré la cortina. La oscuridad era completa, ahora para poder llegar a la cama otra vez tenía que ir tanteando con las manos al frente y dando pasos cortos con el pie derecho dirigiendo el camino. No estaba acostumbrado al acomodo del cuarto.

Cuando por fin regresé a la cama pude notar su presencia, su calor. Mi mano atravesó el mar de sábanas hasta que llegó a su pierna tan suave. Ella se estremeció un poco, sentí que intentó quitarla pero inmediatamente la regresó a donde estaba. Mis manos curtidas después de tanto tiempo, tantos callos malditos que no me dejaban sentirla en todo su esplendor. Volteé la mano para poder tocarla con la parte externa que era más sensible y seguí mi camino. Luego en el hombro derecho sentí las caricias de su mano, luego en el cuello. Mi mano ya estaba en su cintura, su otra mano en mi hombro izquierdo. Ahora tocaba su espalda y con delicadeza la atraje hacia mí.

No besé directamente sus labios, primero besé su mejilla. Incrementé la fuerza del abrazo y sentí sus senos contra mi pecho. Mis labios buscaron su oreja y exhalé en ella. Mi lengua en su lóbulo derecho. Y por fin ella hizo lo suyo para con mi cuello.

Tomé con delicadeza su seno y pasé toda la palma extendida de mi mano, su pezón pasó por en medio de mis dedos y el pulgar le regresó la gentileza. Por fin mis labios tocaron los suyos y su dulce aliento me invadió. Fundidos en la negrura de la noche, irradiando luz propia.

Después toqué sus piernas, pasé mi mano desde la rodilla hasta la entrepierna pero no toqué su sexo. La tomé de la cintura para voltearla, le pedí que se pusiera de pie y cuando lo hizo la abracé por detrás. Besé su espalda baja y sus nalgas tan firmes, besé cada centímetro de ellas mientras acariciaba su ingle. Eso le gustaba.

Se volteó en un arrebato de sensaciones y me tumbó en la cama de nuevo, se sentó encima de mí y comenzó a besarme todo. Luego su mano tomó mi miembro firmemente y comenzo a moverla rítmicamente. Besé sus senos; con la lengua escribia una "o" en sus pezones rosados. Hubiera querido tener mil brazos en ese momento. Mi mano fue directo a su pubis y acaricié el terciopelo.
La giré y ahora fuí yo el que quedó encima de ella. Besé su vientre, su ingle... la besé. Y mientras subía lentamenta de nuevo por su vientre, sus senos, su cuello... mis brazos iban abriendo sus piernas. Al mismo tiempo que llegué sus labios la penetré. Dejó escapar un pequeño gemido y noté que no podía seguir besándome por unos momentos. Me hice para atrás, luego para adelante suavemente. Exhaló de golpe. Y la historia se repitió una y otra vez.

Explotamos casi al mismo tiempo, pero no paré y apenas unos segundos más tarde también lo hizo ella. La besé para absorver su gemido, en parte para que no nos escucharan... en parte para quedarme con su alma. Todo lo negro de la noche se convirtió por esos instantes en una luz cegadora que al igual que la oscuridad nos envolvía a los dos, aferrados como uno sólo. Luego nos quedamos ahí tendidos, sin hablar. Estaba exhausto, pero dormir podía hacerlo cualquier otro día. Estuve ahí abrazándola y respirando el olor de su cabello.

Amaneció, ella tenía que irse. Yo no tenía tanta prisa así que la observé vestirse, justo cuando iba a abrochar el último botón de su blusa, se quedó muy quieta mirando por la ventana. Me paré y me acerqué para ver lo mismo que ella. Pero no estaba viendo lo que hay fuera, sino lo que estaba dentro y dejó escapar unas lágrimas. La abracé por la cintura y le susurré: no es tu culpa... es que estabas muy sola... es que estabas muy sola.

3 comentarios:

Inconexa dijo...

Lonely people sometimes takes sex as a quickfix.

.a dijo...

mi favorito.

Priscila dijo...

Hiciste que se me fuera el aire en el último párrafo...

Entre más leo, más me gusta tu manera de escribir, de ¿recordar?...